MUSEO POETA
DOMINGO RIVERO

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Se cumplieron cien años de la primera versión del poema “A la memoria de Don Juan de León y Castillo” de Domingo Rivero.

Jueves, 18 de Julio de 2013

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Se cumplieron cien años de la primera versión del poema “A la memoria de Don Juan de León y Castillo” de Domingo Rivero. (Juán de León y Castillo)

Juán de León y Castillo

Se cumplieron cien años de la primera versión del poema “A la memoria de Don Juan de León y Castillo” de Domingo Rivero.

Juan de León y Castillo (1834-1912), nace en Telde, Gran Canaria. Fue una persona de gran relevancia en la vida pública isleña en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. Trabajó activamente en uno de los proyectos en los que se fraguaba el futuro administrativo de las Islas Canarias.

Entre 1850 y 1857 vivió en Madrid para estudiar en la Escuela de Ingenieros, Caminos, Canales y Puertos. En 1858, llega a Canarias y se pone a trabajar junto al Ingeniero Jefe Clavijo y Pou.

Juan de León y Castillo, fue junto a su hermano Fernando,  el autor e impulsor desde el punto de vista político del proyecto del Puerto de La Luz aprobado en el año 1862. En 1881, su hermano Fernando es nombrado ministro de Ultramar con Sagasta. Este cargo supuso que promoviera la construcción del Puerto de La Luz y Las Palmas. Un proyecto que sería llevado a cabo por el propio Juan. Este hecho permitió entablar una amistad con Domingo Rivero, quien tradujo los planos para ejecutar esta obra.

Según manifiesta Jordé en su libro El Puerto de la Luz y los hermanos León y Castillo (1952), Juan de León y Castillo, en sus últimos días, se quedó aislado con un pequeño grupo de amigos leales, entre los que figuraban el abogado Juan E. Ramírez y Doreste y Domingo Rivero González.

Tras una larga y reconocida trayectoria en el mundo de la Ingeniería, Juan de León y Castillo fallece el catorce de julio de 1912. Deducimos que con motivo del primer aniversario del fallecimiento de Juan de León y Castillo, Domingo Rivero escribe una primera versión de un poema titulado “A la memoria de don Juan de León y Castillo”. En esa primera versión, podemos encontrarnos con cuatro cuartetos en los que el poeta rememora a ese “anciano Ingeniero” que se paseaba por los muelles del Puerto para recrearse ante su obra, observando el tráfico constante de barcos en un punto de encuentro que constituía su obra magna. Una obra que le permitió ser reconocido, pero que ya en la vejez su sombra se proyectaba vencida ya por el tiempo.

A LA MEMORIA DE DON JUAN DE LEÓN Y CASTILLO

El anciano Ingeniero que tenía
ya la sagrada palidez de un muerto,
dando a su obra un adiós, pasó aquel día
por los muelles del Puerto.
El tráfico vibrando centellea
bajo el sol que de luz próvido inunda
diques y mar; la máquina que humea
y la tierra fecunda.

Y mientras de la patria engrandecida
por él, cuando potente era su mano,
siente robusta palpitar la vida
el moribundo anciano,

sobre las explanadas anchurosas,
que iba cruzando de dolor rendido,
su sombra proyectábase en las cosas,
vencedoras del tiempo y del olvido.

1913

En 1927, Domingo Rivero, con motivo del quince aniversario del fallecimiento de Juan de León y Castillo, escribe una segunda versión de este poema en la que incluye nuevos versos (del 17 al 22). Según los Archivos de Saulo Torón, este poema fue publicado en el Diario de Las Palmas con posterioridad a la fecha en la que fue escrito. También se publicó en el Canarias7 el 30 de noviembre de 1986.

A LA MEMORIA DE DON JUAN DE LEÓN Y CASTILLO EN EL XV ANIVERSARIO DE SU MUERTE

El anciano Ingeniero que tenía
ya la sagrada palidez de un muerto,
dando a su obra un adiós, pasó aquel día
por los muelles del Puerto.

El tráfico vibrando centellea
bajo el sol que de luz próvido inunda
diques y mar; la máquina que humea
y la tierra fecunda.

Y mientras de la patria engrandecida,
frente a las olas de su mar, serenas,
oye el anciano palpitar la vida,
con la muerte en sus venas,
sobre las explanadas anchurosas,
que iba cruzando de dolor rendido,
su sombra proyectábase en las cosas,
vencedoras del tiempo y del olvido.

Y sediento su pecho de ternura,
en el supremo instante de aquel día,
sentir acaso imaginó el anciano,
en aquel trepidar de piedra dura,
el lomo de un mastín que se movía
y al mirarle partir lamía su mano.
14 Julio 1927.

(*) Elisa María Quintana Navarro
Subdirectora del Museo Poeta Domingo Rivero

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